EL CABALLO EN MANADA

junio 13, 2018 beatriz Jimenez Adanez No comments exist

Los caballos son animales sociables, en estado salvaje conviven unos con otros formando una manada. Su supervivencia, está estrechamente ligada a su pertenencia a un grupo, que incluye ejemplares de ambos sexos y de todas las edades. Desde su nacimiento, establecen estrechos vínculos con sus madres y con los demás miembros

Los caballos no son animales territoriales, pero sí protegen su manada, pudiendo mostrarse agresivos ante cualquier intruso que se acerque al grupo, ya sea o no un caballo. Cada uno de los miembros se preocupa por el bienestar del resto.

Vivir en grupo garantiza seguridad. Los caballos se turnan para vigilar y alertar de posibles peligros, para que otros puedan pastar de forma relajada e incluso poder dormir. Además, la compañía les proporciona un equilibrio psicológico indispensable. Juntos, recorren largas distancias en busca de agua y pastos donde alimentarse.

Por regla general, las manadas están compuestas por varias yeguas, sus potros menores de dos años y por uno o varios sementales. Dentro de las yeguas, siempre hay una yegua líder, que suele ser la más veterana, madura y experta. El resto de las yeguas ocupan diferentes puestos en la jerarquía, según sus capacidades y, en gran medida, según el puesto que ocuparon sus madres antes que ellas.

El semental suele ser el jefe, sin embargo, en algunos casos es la hembra más veterana la que se convierte en líder de toda la manada, incluso por encima del macho. En este sentido, la antigüedad en el grupo parece ser el principal determinante de dominación en los caballos.

El semental ocupa una posición realmente importante en época de apareamiento cuando reúne a sus yeguas. Lo hace para evitar amenazas sexuales de un semental rival más que para protegerlas del peligro. En estas ocasiones, suelen verse retados por otros machos por la oportunidad de reproducirse, produciéndose duras peleas. Durante los movimientos de la manada, el semental suele situarse detrás del grupo, donde dirige los movimientos del resto de caballos. Ante un ataque, avanzará y se colocará al frente para enfrentarse al intruso.

También existen grupos compuestos por machos solteros, que han sido expulsados de sus manadas una vez alcanzan su madurez sexual. Las manadas juveniles pueden estar formadas exclusivamente por machos, o por machos y hembras. En el futuro, estos grupos darán lugar a nuevas manadas. A veces, un potro puede adoptar una vida solitaria hasta que encuentra una manada a la que unirse.

En cada manada existe un estricto orden jerárquico que coloca a cada caballo en una posición concreta dentro de la escala de poder. La estabilidad de esta jerarquía suele ser bastante elevada, aunque puede modificarse en caso de enfermedad, muerte de algún caballo o la llegada de un nuevo miembro a la manada. Esta jerarquía tiene forma de pirámide, la cual tiene como punto de partida al líder. Habrá otro animal que a pesar de estar bajo la dominación del líder, tiene poder sobre el resto de la manada, y así sucesivamente, hasta llegar al final de la pirámide donde encontraremos al más sumiso del grupo.

La mayoría de las peleas entre caballos, se desencadenan por la necesidad de mantener un rango determinado en la jerarquía, o por un deseo de retar a otro caballo y tal vez acceder a un rango superior. Las peleas son especialmente intensas cuando un semental ha reunido un harén de yeguas y es retado por un caballo de otra manada. Sin embargo, por regla general los caballos no son agresivos, prefieren huir que pelear.

Incluso, en un grupo formado sólo por hembras o sólo por machos, habrá miembros que establecerán su dominio. Un caballo dominante intentará atraer más miembros hacia su grupo, produciendo discusiones entre los líderes.

 En una situación doméstica, los machos castrados y las yeguas pueden mezclarse, pero no suele hacerse porque se potencian las peleas jerárquicas. Los sementales suelen tenerse aparte.

Algunos caballos pertenecientes al mismo grupo pueden crear fuertes vínculos de amistad. En el establo, puede significar que si sólo se saca a uno de los caballos para un paseo, el amigo se alterará mucho. Si dos buenos amigos se dejan sueltos juntos, normalmente se quedarán bastante cerca el uno del otro. Si uno muere o se vende, el otro puede mostrar todos los signos de aflicción.

Expertos en comportamiento animal, han podido comprobar que en las manadas de caballos que viven en libertad no existen los tan conocidos y temidos “vicios”. De hecho, la aparición de estos problemas en caballos domésticos es casi siempre, como consecuencia de su vida en cautividad. El concepto humano de “bienestar” casi nunca coincide con lo que un caballo necesitaría para sobrevivir. En la medida de lo posible, y por su salud física y mental, debemos adaptar algunos de nuestros hábitos para hacer más placentera su vida junto a nosotros.

Conociendo la importancia de su orden jerárquico, el humano durante el entrenamiento debe tratar de convencer al caballo llegando a ser un líder sabio y justo para él, aplicando las mejores técnicas de entrenamiento positivas para sacar lo mejor de su potencial y comportamiento. Siempre será mejor y más

efectivo que tratar de dominarle por la fuerza.

Debemos cuidar las relaciones sociales de nuestros caballos, lo necesitan.

 

María Varela González.

Veterinaria de Equinocol


 

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