EL CASCO (PRIMERA PARTE)

mayo 23, 2018 beatriz Jimenez Adanez No comments exist

El casco es la estructura de soporte para el caballo. Es una parte fundamental del animal que muchas veces no se le da la importancia que merece. En estado salvaje, depende de sus pies para seguir a la manada en busca de agua y comida, y huir de los depredadores, en definitiva, son necesarios para sobrevivir.

A diferencia del caballo salvaje, en el caballo doméstico cualquier problema del casco puede evitarse y resolverse. Si nuestro caballo tiene problemas en sus pies, esto se puede traducir en dolor, nerviosismo, desconfianza, inseguridad al andar e incluso negación a moverse. Por ello, debemos hacer un seguimiento de los casos durante todo el crecimiento del animal.

Nada más nacer, los potros cuentan con una membrana que cubre el casco para no dañar a la madre durante el parto. A las pocas horas esta membrana se deshidrata y finalmente se pierde. Se llama periniquio.

Es importante asesorarnos tanto por veterinarios, como por herradores especializados, acerca de los aplomos de nuestros potros. Cuanto antes detectemos una deformidad, ya sea del casco o de las extremidades, antes podremos corregirlas con mejores resultados. Hacerlo durante los primeros meses de vida es clave para una buena funcionalidad en el futuro.

Otro de los puntos clave para fijarnos con especial atención, es la hora del destete, que suele ser cuando se les suelta por largas temporadas en el campo. Antes y durante este periodo, debemos fijarnos en los aplomos de nuestros animales, la postura que adoptan a la hora de pastar, la manera de moverse… para que, en caso de detectar alguna irregularidad, poder corregirlas a tiempo.

Además, observando el desgaste de sus cascos, sabremos en qué momento es necesario empezar a herrar, evitando así problemas durante la doma.

Una vez el caballo es adulto, podemos prevenir la mayor parte de los problemas y cojeras proporcionándole una higiene y cuidados adecuados, utilizando productos apropiados para ello, y recortándole o herrándole según sus necesidades. El herraje se basa en observar las necesidades de cada caballo. El herrador se fija tanto en la anatomía de nuestro animal, sus aplomos y deformidades angulares, como en la disciplina que realiza, tipo de suelo en el que trabaja, tipo de cama, etc.

Por ejemplo, sabemos que según dieta y clima, hay de 5-7 mm al mes de crecimiento del casco, y que la superficie es lisa y convexa. Pero en ocasiones, encontramos unos surcos que vemos una vez que el casco va creciendo. Éstos van paralelos con el borde coronario, e indican variaciones en la actividad de crecimiento del casco. Esta información puede aportar mucha información sobre el estado y vida del caballo, tanto al veterinario como al herrador, para valor

ar patologías pasadas: en casos de enfermedad, fiebre, dolor, anomalías en aplomos o lesiones pasadas… Ambos, veterinario y herrador deben trabajar mano a mano para que, en conjunto, decidan el tipo de herraje que nuestro caballo necesita.

 

 

Fundamentos del herraje:

– Protección para el uso y actividad que realiza.

–  Corrección ortopédica a temprana edad: retracción de tendones en potros recién nacidos…

–  Prevención de posibles lesiones anticipadas: muy importante en caballos de deporte, ya que su vida deportiva es corta. Valoramos el deporte que practica ya que en función de este hay unas patologías asociadas y unos aplomos determinados.

– Tratamiento terapéutico y post-intervenciones.

–  Herraje conservador de lesiones en adultos: somos más permisivos, si su aplomo es torcido de un lado lo dejamos así buscando que el caballo esté más cómodo.

No todos los caballos necesitan estar herrados. Siempre y cuando tu caballo no requiera un herraje correctivo o terapéutico, lo tengas sin realizar trabajo diario o ejercicio intenso, o se esté en un periodo de reposo, pueden estar descalzos (sin herraduras) durante periodos m

ás o menos largos, manteniendo un buen estado de los cascos con recortes periódicos. Antes de tomar esta decisión es aconsejable consultar a un profesional.

Por tanto, el cuidado de los cascos y aplomos de nuestros caballos es fundamental. Terminaré este post citando a Benjamin Franklin, que comprendía la importancia de mantener en buen estado los pies de nuestros caballos.

Por un clavo se perdió una herradura, por ésta un caballo, y por éste el jinete, que fué capturado y muerto por el enemigo. 

 

María Varela González.

Veterinaria de Equinocol


 

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